Terapias Holísticas

Volver a nacer después de haber nacido

El río de la vida no para de fluir, pero siempre es distinto: su trayectoria, sus corrientes, su inclinación y su fuerza van cambiando, y de alguna manera se va convirtiendo siempre en otro río. Su forma de expresarse va muriendo por el camino.

¿No es cierto que a lo largo de nuestra vida hemos experimentado pequeñas muertes?

En nuestra experiencia vital desde que nacemos hasta nuestros días actuales, podemos observar puntos de inflexión cruciales, que efectivamente nos marcan la existencia y nos hacen tomar rumbos inesperados.

Cuando nos traicionaron, algo murió en nosotros; cuando el dolor fue tan grande que era insoportable, algo murió en nosotros; cuando lo perdimos todo de forma abrupta, nos faltaba el aire, estábamos de pie sobre ningún suelo y solos. Algo murió en nosotros.

Estas muertes metafóricas son grandes maestras de la vida; implacables, nos miran osadas sin vacilar en su intento de hacernos crecer después de haber crecido, de hacernos morir en lo viejo para renacer en lo nuevo. Ponen a prueba nuestra capacidad de resiliencia, nuestra supervivencia, nuestra fuerza.

Si entendemos el concepto de muerte como un principio y no como un final, si aceptamos esas pequeñas muertes metafóricas en vida como caminos de evolución, de alguna manera estamos venciendo la idea de que la muerte es algo lóbrego y carente de sentido. Seguimos creciendo hacia lo nuevo, desconocido y quizá inquietante, pero no por ello exento de belleza y esperanza.

Crecer cuando hemos crecido, volver a nacer después de haber nacido, nos convierte en seres dotados de grandeza y espíritu guerrero, pero sin escudos ni espadas; nos convierte en seres dispuestos a vivir, que se dejan la piel en el camino. Si nuestras diminutas células no se resisten a regenerarse, ¿cómo no lo van a hacer un corazón y una mente valientes que aceptan los azares de la vida?

Cuando decidimos atravesar las dificultades optamos por RENACER; recogemos los trocitos rotos que quedaron desperdigados y ensamblamos sus enseñanzas con amor y gratitud, porque ellos nos han llevado a SER lo que hoy somos. Si damos valor a lo que HOY somos, dejamos atrás el resentimiento, y lo perdido se convierte en sabiduría; todo recobra el sentido. Es entonces cuando hemos vencido a la muerte y a todas sus manifestaciones. La vida nos inyecta su luz y energía, y nuestros pasos avanzan por un nuevo camino pendiente de explorar; un camino que va a estar repleto de aventuras y conocimientos.

El místico sufí Rumi dice:

El ser humano es una casa de huéspedes.
Cada mañana hay un recién llegado:
una alegría, una tristeza, una maldad…
Cierta conciencia momentánea llega
como un visitante inesperado.
¡Dales la bienvenida y recíbelos a todos!
Incluso si fueran una muchedumbre de lamentos,
que vacían tu casa con violencia,
aun así, trata a cada huésped con honor;
puede estar creándote el espacio
para un nuevo deleite.
Al pensamiento oscuro, a la vergüenza, a la malicia,
recíbelos en la puerta riendo
e invítalos a entrar.
Sé agradecido con quien quiera que venga,
porque cada uno ha sido enviado
como un guía del más allá.

Demos valor a quienes somos aquí y ahora; estemos siempre dispuestos a recibir la vida con todas sus sorpresas. Aunque las circunstancias nos hielen la sonrisa, mantengamos un corazón valiente y una mente clara para descifrar sus enigmas.


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Yolanda San Miguel

Terapeuta holística y formadora