Terapias Holísticas

Perfectos en nuestra imperfección

Mantener un criterio propio, pensar por nosotros mismos y saber filtrar lo que es de cosecha propia para distinguirlo de lo que no lo es, requiere que seamos honestos y nos demos un tiempo para reflexionar. Nosotros influimos a otros y a su vez somos influenciados. Es normal que puedan afectarnos, a no ser que tengamos la piel impermeable y seamos inmunes al posible halago o al ataque.

Alinear nuestro cerebro con nuestro corazón nos permite mantener un sensor más afinado a la hora de afrontar la crítica, y también a la hora de elaborar nuestras propias opiniones frente a distintos temas de la vida. Y ¿cómo afinamos nuestra radio para sintonizar esa “señal”? Una buena práctica es caminar por la naturaleza, sentarnos en ella y escuchar su silencio.

O contar hasta diez, como decían y hacían nuestras madres; tan simple como eso. En esta época en la que todo es fast, contar hasta diez se convierte en una práctica vintage, pero ¡qué lindo es ver las tortugas aproximarse al mar! Su avance en tierra era lento, lentísimo, pero se acelera enormemente cuando consiguen entrar un medio físico y energético diferente, mucho más suave, más liviano. Me pregunto si eso es lo que se consigue cuando contamos hasta diez y salimos de un medio inhóspito y entramos en otro más amable en el que vemos las cosas con mayor claridad. ¡Es entonces cuando “contar hasta diez” valió la pena!

Pero dando un giro a esta historia, vuelvo a la observación sobre cómo afrontamos la crítica; en este caso, la crítica hacia nuestra persona. Está muy bien que nos den de vez en cuando en la cresta, porque nos ayuda a bajar la cabeza, a ser humildes, a darnos cuenta de que necesitamos una revisión, como los coches cuando deben pasar la ITV. Duele, sí, claro que sí, sobre todo cuando nuestro ego no para de defenderse, porque él siempre es propietario de la razón. Me viene la imagen ahora del Dilophosaurus, ese dinosaurio al que le salen un par de crestas longitudinales alrededor de la cabeza, porque casi nos ponemos así cuando nos cuesta afrontar la crítica. Ya sé que es fácil decirlo, pero si contamos hasta 10 podemos aprender algo de nosotros mismos. No somos perfectos y eso es una gran suerte, o al menos a mí me lo parece; es la sal marina de la vida.

Nos regeneramos, aprendemos, cometemos los denominados errores, que a veces se convierten en grandes aciertos, y vamos evolucionando, vamos haciendo nuestro camino. Esta perfecta imperfección nos permite seguir descubriéndonos, descubrir el vasto universo del que estamos hechos y que a su vez nos rodea. Somos un enorme campo de operaciones que explorar, siempre que nuestro cometido sea conocernos a nosotros mismos.

Veremos que hay cosas que nos gustan de nosotros mismos y también cosas que no nos gustan para nada, pero estaréis de acuerdo conmigo en que es una gran suerte disponer de la capacidad de captar lo que no nos gusta, porque de esta manera tenemos la posibilidad y la oportunidad de cambiar.

Una vez, buceando en internet encontré unas palabras que me fascinaron del Dr. Stephen Hawking, en las que logra unir nuestro microcosmos al gran macrocosmos insondable. Esas palabras me recordaron el principio de correspondencia del Kybalion, “como es arriba es abajo, como es abajo es arriba”, y son las siguientes:

“Una de las características básicas del universo, según los cosmólogos, es que en él rige la imperfección. La perfección simplemente no existe. Las irregularidades y el caos son las grandes oportunidades que tiene el universo de construir galaxias y expandirse”.

Y Stephen Hawking termina diciendo:

«Así que la próxima vez que alguien te diga que has cometido un error, dile que sin la imperfección ninguno de nosotros existiría».

Amigas, amigos, nuestra imperfección es una aliada generosa que nos invita al cambio, a lo nuevo, a construir y a expandirnos.

 


Yolanda San Miguel

Mentoring en Gestión Emocional

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