Terapias Holísticas

La vida es bella

La vida, bella y salvaje a la vez, nos presenta muchas veces situaciones que ponen a prueba todo lo que creemos saber y todo lo que no llegamos a comprender. Está en nosotros la manera en cómo abordamos dichas situaciones, cómo nos posicionamos frente a ellas. Adoptamos la posición de víctima o de guerrero, y al mismo tiempo aceptamos la incertidumbre que nos acompaña en el camino.

Apreciar la belleza oculta del desafío es encontrar la esencia de la oportunidad que encierra; es optar por la vía de sentir correr la vida por las venas en lugar de optar por morir aunque sigamos respirando.

Transformar el sentimiento de impotencia en el de logro requiere, muchas veces, un cambio interno profundo, no exento de lágrimas y sonrisas, de valentía y determinación. Nadie es lo suficientemente sabio como para decirnos cuál será el resultado, cómo será el final de nuestros pesares. Lo que sí está en nuestras manos es elegir a cada instante cómo nos tomamos las cosas. Depende de nosotros, y permíteme utilizar una metáfora, hacer conservas de mermelada de moras, o bien irnos comiendo las moras por el camino mientras disfrutamos de su sabor; o, lo que es lo mismo, podemos conseguir enamorarnos del trayecto “momento a momento”, si así lo decidimos.

Y ¿cómo llegamos a esta decisión, a enamorarnos de nuestra vida?

Lo logramos, principalmente, cuando damos gracias a todo lo que somos y a todo lo que tenemos “aquí y ahora”. Y cuando damos valor a todos nuestros recursos. Darles “valor” es ponerlos en acción; es sacarlos de la caja de cartón y limpiarles el polvo, es engrasarlos, es ponerlos a nuestra disposición. Significa que “valen”, que podemos usarlos porque nos han sido otorgados, porque la vida nos los ha regalado. Son regalos, son “presentes”. Estos presentes tienen la virtud de crecer y expandirse, de dar más frutos y de dotarnos de mayores capacidades.

La flexibilidad es otra premisa. La vida siempre se abre camino, como el agua que no sucumbe ante el obstáculo. Imparable continúa su curso, flexible encuentra siempre por dónde seguir fluyendo. La mente flexible se abre a la creatividad, a aquello insospechado; en el terreno de lo desconocido pueden hallarse respuestas.

La aceptación de lo que es y de lo que no es nos entrena en el campo de la incertidumbre y nos libera de la queja, de ese ruido que estorba, que consigue anclar la voluntad en un sueño estéril. Acepto y no me doblego ante la tristeza, Acepto y sigo adelante con pensamientos positivos y llenos de esperanza.

Los últimos ingredientes serían la sencillez y el buen humor. Ser sencillo, liviano y tener sentido del humor nos facilitará mucho el camino. Cuanto más ligeros de equipaje estemos y cuanto menos en serio nos tomemos a nosotros mismos, mayor será nuestra visión interior y nuevas y sorprendentes respuestas llegarán a nuestra vida.

Busca la sencillez, no la solemnidad. Busca lo liviano, lo que te envuelve con aire fresco y sacude el polvo del camino del pasado.

Busca la ternura, la sonrisa pura, ese instante que va sumando en el espacio que hay entre el corazón y tu mano.

No busques que te brinden lecciones arduas tus “pecados inconfesables”. Busca el perdón. Busca la esperanza de que todo es posible. Busca la aceptación verdadera llena de confianza sin reproches, no la huida avergonzada y estéril. Busca la alegría auténtica de una mente libre que no se pone trampas ni cae en sabotajes; una mente valiente, que tiene la mirada en línea con el poder de su alma.

 

Yolanda San Miguel.


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Yolanda San Miguel

Terapeuta holística y formadora