Terapias Holísticas

La magia que nos rodea

Muchas veces olvidamos la magia que nos rodea, esos hechos singulares que ponen una nota de color a la vida cotidiana, y que si no estamos atentos, porque estamos siempre pensando en miles de cosas del ayer y del mañana, se difuminan y disipan en nuestra memoria. Se convierten en hechos que aun existiendo, porque han sucedido, se vuelven opacos porque caen en el olvido.

Bien, pues vamos a hacer un ejercicio. Párate un instante y trae a tu memoria algún acontecimiento que se podría calificar de “extraño”, bien porque no lo esperabas, bien porque te sorprendió la forma peculiar, incluso inexplicable, en que se presentó. Tal vez hasta te pareció “mágico”.

Somos humanos, queremos controlarlo todo y a veces queremos controlar a los demás, pero estos acontecimientos, vamos a llamarlos “diferentes”, nos recuerdan que hay cosas que se nos escapan, que hay otra realidad que no vemos y existe… aunque a veces lo ignoremos. Estos hechos nos convierten a veces en instrumentos claves para el mayor bien de otras personas o de nosotros mismos.

¿Ya has podido recordar tu acontecimiento extraño? ¿Ese que te dejó con la boca abierta y que en el fondo, confiésalo, te llegó a divertir?

No es necesario ser o sentirse un mago consumado, o una maga consumada, para que nos ocurran estas cosas. Nos damos cuenta de que nos pasan a todos y a todas; y cuando estamos más presentes en el día a día, vemos que nos suceden más a menudo de lo que pensábamos.

¿Ya has recordado ese evento “diferente”? Seguro que sí. Puede ser espectacular o no; eso no importa. Es el tuyo, el tuyo propio, y por tanto importante.

Te voy a contar uno que viví hace unos años.

Era un domingo por la tarde. En un momento dado, junto con mi pareja tomamos la decisión de estudiar inglés, y aunque evidentemente la escuela estaba cerrada, pensamos que era una buena idea dar un paseo y ver la academia por fuera. Recuerdo perfectamente que era invierno y ya caía la noche. Teníamos que tomar un ferrocarril urbano, en una estación de final de trayecto en la que confluían varias líneas de trenes. Cada tren tenía su propia vía, bordeada por los correspondientes andenes a izquierda y derecha.

Nos sentamos en el andén a esperar el ferrocarril. Miré dentro del túnel y vi a lo lejos algo que se movía; no logré identificar de qué se trataba, y no le di importancia. Seguimos esperando, y cuando volví a mirar dentro del túnel, me fijé bien y me pareció ver la silueta de un hombre que iba caminando por la vía. Me levanté, miré con más detenimiento y le dije a mi pareja lo que me parecía estar viendo. Efectivamente, había un hombre caminando por la vía, en dirección a la estación. Cuando llegase, no podría echarse a un lado si viniese el tren, porque no queda espacio entre este y los andenes.

Nos pusimos un poco nerviosos y decidimos avisar al personal del metro. Mi pareja asumió este cometido, mientras yo me quedé en el andén para avisar como pudiese al conductor para que frenase. El hombre se iba acercando; se le veía como desorientado. De pronto, aparecieron a lo lejos las luces del tren, y el señor aún no había llegado para que pudiese ayudarle.

Hice señas con los brazos y las manos al conductor para indicarle que parase. Mientras tanto, el personal de la estación llegó corriendo al andén… y el tren se detuvo a dos metros del señor. Le ayudaron a salir y, efectivamente, estaba muy desorientado. Los servicios de emergencia se ocuparon de él. Recuerdo que el conductor salió de la cabina con la cara blanca, muy asustado.

Cuando todo volvió a la normalidad, nos metimos en el tren para dirigirnos a ver la escuela de inglés. Nada más entrar, miramos la estación en la que teníamos que bajar, ¡y nos dimos cuenta de que nos habíamos equivocado de tren! El andén en el que habíamos estado esperando no era el correspondiente a nuestra línea.

Salimos rápidamente, de un salto, porque las puertas ya indicaban que se iban a cerrar. De nuevo en el andén, nos miramos sonriendo, perplejos, porque nos dimos cuenta de que durante toda la situación no había habido nadie en ese andén esperando ese tren aparte de nosotros. Nadie más habría podido ver a ese señor, hacerle señas al conductor y avisar al personal.

Amigas, amigos, pongamos atención a los hechos mágicos que nos acontecen y disfrutemos de todo su significado.

 

Yolanda San Miguel.


Yolanda San Miguel

Mentoring en Gestión Emocional

Saber más