Terapias Holísticas

La inteligencia de un buen corazón

Dice Rumi, místico del siglo XIII:

“El centro de tu corazón es donde la vida comienza. El más bello lugar de la Tierra”.

Las investigaciones de las dos últimas décadas del s. XX ayudan a nuestro mundo actual a entrar en un nuevo paradigma, que consiste en pasar de la cabeza al corazón.

En los años 60 y 70 del siglo pasado los fisiólogos John Lacey y Beatrice C. Lacey observaron que existían unas vías que comunican el cerebro con el corazón, y a la inversa. Además, el corazón tiene la capacidad de inhibir o reforzar las órdenes del cerebro. El corazón puede enviar señales al cerebro, que este último obedece.

En 1983 el corazón se reclasifica como una glándula que secreta hormonas como la FNA, que interviene en la homeostasis del cuerpo e inhibe la producción de la hormona del estrés, el cortisol, y libera la oxitocina (la llamada “hormona del amor”), y también hormonas como la dopamina, la serotonina y la prolactina, que también son secretadas por el cerebro.

Más tarde, en 1991, el Dr. Andrew Armour funda las bases de la neurocardiología. Introduce el concepto de que tenemos un cerebro en el corazón. Desvela que el corazón dispone de un complejo sistema nervioso intrínseco formado por una red de más de 40.000 neuronas, neurotransmisores, proteínas y células de apoyo que permiten al corazón aprender, recordar, percibir y sentir sin la intervención del cerebro. El corazón bombea patrones de energía e información por todo el cuerpo y es capaz de “tomar decisiones” propias. La inteligencia del corazón es de alta velocidad y de naturaleza intuitiva.

En 1991, Doc Childre funda el instituto de matemáticas del corazón HeartMath junto a Howard Martin, y realizan numerosos estudios e investigaciones acerca de lo que se llama coherencia cardíaca. Sus investigaciones revelan que el corazón irradia un campo electromagnético que tiene una potencia 5.000 mil veces superior a la del cerebro y que envuelve totalmente nuestro cuerpo. Las ondas electromagnéticas que componen este campo van mandando señales a todas las células del cuerpo, pero el campo es tan fuerte que se extiende más allá de nuestra piel. Se mantiene muy potente en un radio de dos o tres metros pero se proyecta más allá, hacia el espacio. Este sistema de comunicación es lo que nos conecta energéticamente los unos con los otros.

La calidad de la energía electromagnética de este campo se ve condicionada por lo que estemos sintiendo emocionalmente. Si sentimos ira, frustración o miedo vemos que esas señales electromagnéticas procedentes del corazón son caóticas, mientras que si sentimos emociones como compasión, amor o gratitud vemos unas señales armoniosas, que se convierten en ondas electromagnéticas coherentes.

La coherencia biológica es un estado que se produce cuando nuestras distintas partes fisiológicas están trabajando conjuntamente en armonía. Es un estado en el que todos nuestros sistemas fisiológicos están sincronizados con los ritmos del corazón.

Una de las mejores formas de medir la coherencia del corazón es utilizando dispositivos especiales que miden a través del análisis de Fourier la variabilidad del ritmo cardíaco (VRC). Mientras que el ritmo cardíaco cuenta el número de veces que el corazón late por minuto, la VRC mide las variaciones, en tiempo, entre los pares de latidos. Emociones positivas como el amor, la compasión y la valoración están vinculadas a un patrón de VRC más coherente, mientras que las emociones negativas como el estrés, la ansiedad, la ira y el miedo están vinculadas a un patrón de VRC errático e incoherente.

Existen técnicas y herramientas para entrar en estado de coherencia cardíaca, para alinear corazón y cerebro, como las prácticas de pensamiento y emociones positivas, entre otras que nos ayudan a sintonizarnos con el corazón. Podéis entrar en mi web y encontraréis una práctica específica de coherencia del corazón.

Como dice Annie Marquier, debemos aprender a confiar en la intuición y reconocer que el verdadero origen de nuestras reacciones emocionales no está en lo que ocurre en el exterior, sino en nuestro interior. Nos recomienda cultivar el silencio, contactar con la naturaleza, vivir periodos de soledad, meditar, contemplar, cuidar el entorno vibratorio, trabajar en grupo, vivir con sencillez… y preguntarle a nuestro corazón cuando no sepamos qué hacer.

Si logramos pensar, sentir, hablar y actuar de la misma forma, escuchando el canto de nuestro corazón, crearemos un estado de coherencia en nuestras vidas y se nos hará más fácil “Imagine all the people living life in peace”.


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Yolanda San Miguel

Terapeuta holística y formadora