Terapias Holísticas

Honrar a los ancestros

Honrar a una persona es sentir y mostrar respeto y admiración hacia ella.

¿Cuántas veces hemos culpabilizado a nuestros progenitores de nuestras desdichas y, por la misma regla de tres, cuántas veces hemos recordado todo el bien que nos han propiciado?

Somos muy hábiles en echar pelotas fuera. Es tan fácil, ¿verdad? Si hacemos responsables a otros de nuestra vida, nos quedamos tan tranquilos aparcados en la feliz infancia, esperando que nos cuiden y que nos mimen. Aparcamos la hermosa oportunidad de comportarnos con madurez, evolucionando y aprendiendo los distintos roles que vamos a desempeñar en la vida.

Ponemos el acento en lo que no nos gustó y obviamos por ejemplo los cuidados que recibíamos cuando estábamos enfermos. Además, esas enfermedades infantiles nos hacían crecer en estatura, a lo alto. Dedica un instante a evocar esas situaciones… Si pusiéramos el acento en los buenos recuerdos, tendríamos la oportunidad de hacer crecer el verbo honrar, pues creceríamos en respeto, en agradecimiento, en amor.

Y el amor sana.

Nuestros padres hicieron en su momento lo que pudieron y supieron hacer, con las herramientas de las que disponían. Nos nutrieron, nos educaron, nos dieron estudios, o nos pusieron a trabajar porque la economía familiar así lo requería, y nos dieron todo su cariño. Y sobre todo, sobre todo, nos amaron como solo ellos podían hacerlo. Mostrarles amor y comprensión es mostrarnos amor y comprensión a nosotros mismos, ya que una parte de ellos está integrada en nosotros.

Y el amor sana.

En la película Amistad, de Steven Spielberg, basada en hechos reales, Cinque se convierte en esclavo africano, y durante la preparación del juicio sobre el amotinamiento del barco Amistad, dice estas palabras ante el jurado del Tribunal Supremo de EE. UU.:

“Hablo de mis antepasados. Alzaré mi voz hacia el pasado, hasta el comienzo de los tiempos, y les suplicaré que vengan a ayudarme en el juicio. Llegaré hasta ellos y haré que entren en mí. Tendrán que venir, porque en este momento soy la única razón por la que han existido”.

Cinque pertenece al pueblo mende de Africa. Cuando un mende se encuentra en una situación extremadamente desesperada, invoca a sus antepasados. Un mende sabe que si puede convocar a los espíritus de sus antepasados es porque nunca le han abandonado, y que la sabiduría y la fuerza que ellos concibieron e inspiraron vendrán en su ayuda para que pueda vencer sus temores y dificultades. En su tradición los lazos de amor, respeto y admiración permanecen vivos, presentes, y los mende utilizan esta creencia en los momentos en que necesitan apoyo y energía.

Ponen el acento en la sabiduría que almacenan las canas, las arrugas, miradas viejas que viajaron a lo largo de sus días y sus noches.

¡Qué perspectiva tan diferente de la habitual en la cultura occidental ante un mismo hecho! Si nuestros padres siguen vivos y estamos a tiempo, podemos escucharles, pedirles consejo, en lugar de guardar rencores. Es hora de madurar; nuestras incipientes canas ya lo anuncian. Liberarse de los reproches es muy saludable, ecológico y además inteligente. Poner el acento en los buenos recuerdos y poner punto final a los resentimientos está en nuestra mano; depende de la bondad y el agradecimiento que estemos dispuestos a darles.

Y si este comportamiento es saludable, ecológico e inteligente, ¿qué más le podemos pedir?

Si aún podéis hablar con vuestros padres, hacedlo, y si ya no están con vosotros físicamente, mantened vivos los buenos recuerdos. Y si os es necesario, poned en práctica la comprensión, el perdón y el amor, porque ellos hicieron lo que pudieron.


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Yolanda San Miguel

Mentoring en Gestión Emocional