Terapias Holísticas

El poder de crear y manifestar

Cuando somos niños, nuestra capacidad de imaginar goza de muy buena salud: una caja de cartón se puede convertir en un palacio, un palo en la espada más brillante y una escoba en un corcel.

Cuando los niños juegan con estos elementos, adquieren todas y cada una de las características y cualidades de los objetos reales. Los niños no tienen ninguna duda al respecto; su imaginación es tan poderosa que de inmediato otorgan todos los atributos necesarios a cada cartón, a cada palito, a cada escoba, que disfrutan con seguridad y confianza.

La imaginación, que es un proceso cognitivo superior, nos permite generar representaciones y percibirlas con la mente. Y lo mejor es que no es necesario que estas representaciones existan en el entorno. A través de la imaginación, el ser humano crea, inventa y evoluciona. Albert Einstein dijo que «la imaginación es más importante que el conocimiento».

A medida que crecemos vamos dejando un poco relegado el arte de imaginar, porque la razón comienza a imperar en nuestras vidas, pero ello no significa que no podamos recuperar de nuevo esta actividad divertida e ilusionante. Sobre todo porque nos ayuda muchísimo a cambiar las imágenes que proyectamos cuando estamos preocupados, estresados o enfermos. Bajo estas situaciones nos vienen imágenes que nos causan sufrimiento, que nos hacen descender “en caída libre” hacia los infiernos.

La capacidad lúdica de imaginar se ve reemplazada por una imaginación casi perversa, como si nuestro peor enemigo tomara el mando de nuestra mente. E imaginamos lo que supuestamente puede acontecer, cosas que nos hacen daño, que nos causan dolor, e instantáneamente decimos: “¡Uy!, ¿pero qué estoy pensando? ¿Qué me está viniendo a la mente? ¡Cancelo, cancelo, cancelo!”.

Bien, la propuesta que os hago hoy es que recuperemos el arte de imaginar cosas buenas, situaciones que nos hagan sentirnos bien. Es el arte de imaginar, conscientemente, aquello que nos hace vibrar y que nos aporta una sonrisa. Incorporémoslo a nuestras vidas como una nueva herramienta de transformación para lograr franquear con un salto de pértiga ese infierno que a veces nos creamos.

El palacio, la espada y el corcel se pueden cambiar por cualquier elemento que aporte chispa e ilusión a nuestra vida.

No se trata de vivir en un mundo irreal, entendedme, pero me pregunto: ¿acaso no estamos viviendo en un mundo de fantasía cuando no paramos de pensar, imaginar y proyectar imágenes catastrofistas irreales que no se sustentan en nuestras propias vivencias sino que, a veces, provienen de la información del entorno, y nosotros nos apropiamos de ellas al no poner ningún filtro?

Existe una herramienta muy transformadora que es la visualización creativa. La visualización requiere imaginación, relajación, concentración y práctica. Es muy importante el ingrediente de la emoción, que mueve y da vida, y del agradecimiento a priori, que significa tener la certeza de que aquello ya está en nuestras manos y dar las gracias por ello de antemano. Y, por último, hay que soltar y confiar.

La visualización es abrir la puerta al deseo manifestado.

Profundizando en esta capacidad que todos tenemos, Neville Goddard nos da más claves al respecto. Él afirmaba que todos nuestros deseos ya están en el plano de conciencia desde el que van a ser materializados y que nosotros hemos de alcanzar ese nivel de conciencia mayor para manifestarlos. Es lo que él llama la ley de la asunción: es asumir que das por hecho que algo es verdadero y existe; es decir, se trata de que puedas sentir con absoluta certeza que todo lo que deseas ya está ahí para ti.

Es como regresar a una inocencia tal vez perdida. Los niños, en su inocencia, son capaces de otorgar cualidades y vida a objetos diversos para jugar con ellos.

Como adultos ya crecidos, podríamos plantearnos añadir a nuestra vida unas pequeñas dosis de inocencia, certeza y confianza para que jueguen a nuestro favor. En un mundo tan serio como el nuestro, visualizarnos con ilusión unos minutos es entrar en el campo de la potencialidad pura.


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Yolanda San Miguel

Terapeuta holística y formadora