Terapias Holísticas

El hombre en busca de su destino

Había una vez un hombre, y ha habido muchos como él tanto antes como después, que decidió que debería realizar una cambio en su vida. <<¿Cuál es el propósito – se preguntó a sí mismo -, de tratar de hacer cosas , o dejar que las cosas me ocurran, si no conozco mi destino?>>

Si trabajaba contra su destino, razonaba él, sufriría, y al final el destino sería el mismo. Si, por el contrario, no hacía nada, su destino sería menor y poco interesante, como el de miles de gentes ordinarias en todo el mundo, que llevaban vidas sin ninguna importancia.

Debía comenzar en algún lugar, así que vendió sus pertenencias y comenzó a caminar a lo largo de la carretera que pasaba a través de su ciudad natal.

No llevaba caminando mucho tiempo cuando llegó a una casa de té, donde vio un derviche sentado, hablando con cierto número de personas. El viajero, cuyo nombre era Akram, esperó hasta que la audiencia se hubo dispersado, y entonces abordó al hombre de sabiduría.

– ¡Venerable Hombre del Sendero! – dijo-, estoy buscando mi destino, y me preguntaba si puedes sugerirme cómo debería iniciar este importante esfuerzo.

– Eso es más fácil creerlo que alcanzarlo – replicó el derviche -, y sería mejor que te preguntases cómo reconocer tu Destino que el asumir que puedes hacer eso sin preparación.

– ¡Estoy seguro de que puedo reconocer mi destino! – exclamó Akram- , ¡porque es bien conocido que el destino de una persona es el reflejo de uno mismo!, y con seguridad puedo advertir si me encuentro con alguien que se parezca a mí.

– Parecido a ti externamente no es lo mismo que ser un reflejo de ti – dijo el derviche -, especialmente cuando, como todo el mundo, tú tienes tantas partes que encuentras difícil ver tu propio reflejo en todas sus formas. El espejo de la percepción es tan fugaz como las pequeñas olas del mar: cada una brillando brevemente con la luz prestada por el sol cuando rompe en la orilla…

El derviche continuó de este modo por algún tiempo, y Akram, que había encontrado derviches con anterioridad, cesó de escucharle. Llegó a la conclusión de que allí no había nada que le pudiese beneficiar. De todos modos, pensó, no estaría mal tener compañía en el viaje. Cuando el derviche hubo cesado de hablar, Akram dijo:

– Las analogías místicas son, por supuesto, demasiado profundas para que las pueda comprender. Pero si estás de viaje, ¿podría acompañarte, al menos durante parte del camino? Porque no estoy versado en las experiencias y prácticas del viajar.

El derviche accedió, y ambos comenzaron a caminar.

Al poco tiempo vieron un árbol al lado del camino, y de él salía claramente un zumbido muy fuerte. El derviche dijo:

– Pon tu oreja en el tronco del árbol, a ver que puedes escuchar.

Akram siguió su consejo, y se dio cuenta de que el árbol estaba hueco. Dentro había un gran número de abejas.

El derviche dijo:
– Las abejas están atrapadas, si puedes arreglártelas para romper esa rama serán liberadas y podrán escapar. Puede ser un acto generoso, y ¿quién sabe adónde puede conducir?

Akram respondió:
– ¡Anciano, tú no eres de este mundo! ¿No se ha dicho que uno no debería distraerse de su objetivo por asuntos menores? Suponiendo que alguien me ofreciese algún dinero por romper la rama, lo aceptaría, porque no tengo dinero para mi viaje. Pero hacerlo por nada es absurdo.

– Como quieras – dijo el derviche, y continuaron su camino.

Cuando oscureció se tendieron a dormir. A la mañana siguiente fueron despertados por un hombre que pasaba con dos grandes jarras atadas a los lados de su burro. El hombre se detuvo junto a ellos.

– ¿Adónde vas? – le preguntó el derviche.

– Al mercado a vender esta miel. Debe valer al menos tres monedas de oro. Ayer escuché a algunas abejas en un árbol hueco, y parecía que querían salir. De modo que rompí una rama muerta y el enjambre entero echó a volar. Me encontré con esta cantidad inmensa de miel, y, de ser pobre, ¡estoy en camino de sustentarme a mí mismo! – y siguió su camino.

Akram le dijo al derviche:
– Quizás debería de haber cogido la miel primero, como sugeriste. Pero, por otra parte, puede no haber sido el mismo árbol, y en ese caso probablemente me habrían picado, ¡y ése no es el destino que estoy buscando!

El derviche no dijo nada.

Prosiguiendo el camino llegaron a un puente sobre un río, y se detuvieron para admirar el paisaje. De repente, un pez asomó su cabeza fuera del agua y les miró, su boca abriéndose y cerrándose de un modo bastante patético.

– ¿Qué crees que significa? – preguntó Akram.

El derviche dijo:
– Ahueca tus manos con los dedos entrelazados, y a ver si así puedes comprender el lenguaje del pez.

Cuando Akram hizo lo que el derviche sugería, se dio cuenta de que ciertamente podía comprender al pez, que estaba diciendo.
-¡Ayudadme, ayudadme!

El derviche preguntó:
– ¿Qué ayuda estás buscando?

El pez respondió:
– Me he tragado una piedra afilada. Hay cierta hierba que crece abundantemente en la orilla del río. Si pudieses, amablemente, arrancar alguna y arrojármela, yo podría vomitar la piedra y encontrar alivio.

– Así que un pez hablador- dijo Akram-. Creo que esto es algún truco de magia o ventriloquía. Rehúso el parecer estúpido. De cualquier modo, voy en busca de mi destino. Derviche, si este acontecimiento extraño tiene algo que ver contigo, quizás tú mismo te molestes en ayudar a peces del más allá.

El derviche sólo dijo:
– No, yo no intervendré. Continuemos nuestro camino.

Poco después, entraron en una ciudad y se sentaron a descansar en la plaza del mercado. Un hombre llegó a la plaza, galopando en un hermoso caballo, obviamente muy excitado. Desmontando, comenzó a gritar a la gente de la ciudad.

– ¡Un milagro, un milagro!

Cuando todo el mundo se agrupó alrededor del jinete, éste dijo:
– Estaba cruzando un puente, cuando, os lo creáis o no, un pez me habló. Me pidió que le arrojase algunas hierbas. Lo hice, y después de comerlas arrojó un diamante perfecto, ¡tan grande como mis dos puños!

Akram exclamó:
– ¿Cómo sabes que es un verdadero diamante?

– Soy joyero – dijo el hombre.

– Es típico de la vida – dijo Akram – que un hombre rico coja aún más, mientras que yo, incapaz de socorrer al pez porque estaba en una misión importante, me veo obligado a mendigar mi pan en compañía de un derviche vulgar.

El derviche dijo:
– Oh, bien, quizás no era el mismo pez, quizás el hombre esté mintiendo. ¡Miremos hacia adelante y no hacía atrás!

– Dices todo esto como un filósofo – dijo Akram -, pero pensamientos parecidos estaban en mi propia mente.

Y juntos continuaron su camino.

El siguiente acontecimiento en su viaje fue cuando se pararon a comer al lado de una roca encajada en el suelo. Un débil zumbido parecía salir de la roca, y Akram puso su oído en ella, y mientras escuchaba pudo comprender lo que significaba. Provenía de un grupo de hormigas, que estaban diciendo:

Si pudiésemos mover esta roca, o atravesarla de algún modo, seríamos capaces de extender nuestro dominio y tener suficiente espacio para toda nuestra gente. ¡Si algo pudiese venir en nuestra ayuda! Este material duro de aquí abajo es demasiado difícil de atravesar. ¡Si alguien o algo lo pudiese apartar!

Akram miró al derviche y dijo:
– Las hormigas quieren que la roca sea apartada, de modo que puedan extender su dominio. Pero, ¿qué tengo yo que ver con hormigas, rocas o dominios? ¡Primero tengo que encontrar mi destino!

El derviche no dijo nada y continuaron su camino.

Al día siguiente, cuando se estaban levantando de su miserable vivac debajo de un seto, escucharon el sonido de mucha gente aproximándose, cantando y gritando con regocijo. Entonces vieron que una gran banda de campesinos estaba en el camino, bailando y tocando dulzainas y gaitas, saltando y brincando de alegría. Mientras pasaban, Akram le preguntó a uno de ellos qué había ocurrido. El hombre dijo:

– Un pastor de cabras, lo crea o no, escuchó a algunas hormigas murmurando debajo de una roca, con gran angustia. Él movió la roca de modo que las hormigas pudiesen ensanchar su nido. ¿Y qué cree que encontró debajo? ¡Un gran tesoro de piezas de oro! Él lo cogió y lo compartió con todos sus vecinos, ¡y nosotros somos los afortunados aldeanos que se beneficiaron!

Los campesinos siguieron su camino, aún delirantes de alegría.

El derviche le dijo a Akram:
– ¡Tú eres un necio, porque por tres veces has fallado en hacer incluso las cosas más simples que te podrían haber traído la fortuna que deseabas! ¡Eres un necio, porque estás incluso menos preparado para seguir tu destino que aquéllos que se limitaron a realizar una acción generosa sin estar obsesionados por su destino y sus deseos personales! Eres un necio, porque en vez de seguir tu destino, te has distanciado de él, por tu comportamiento y el fallo en ver lo que estaba debajo de tu nariz. Y sobre todo, eres un necio porque no prestaste atención a lo que yo soy, a lo que he dicho, a lo que he indicado, y a lo que he callado.

Akram, como muchos otros antes y después, se encolerizó. Le gritó al derviche:
-¡Autocomplacido y dominante sabelotodo! ¡Cualquiera puede ser sabio después del acontecimiento! ¡Me di cuenta de que tú, un miserable y mal nutrido vagabundo de la tierra, no tomaste ninguna ventaja de las grandes cosas sobre las que ahora eres tan experto! ¿Quizás puedas darme una razón para ello?

– Ciertamente – replicó el derviche -. Yo no puedo beneficiarme porque tengo otras cosas qué hacer. ¿Te das cuenta? ¡Yo soy tu destino!
Entonces el derviche desapareció, y nunca se le ha visto de nuevo; excepto, por supuesto, por todos los Akram que han vivido desde ese tiempo, hace muchos, muchos años.


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Yolanda San Miguel

Terapeuta holística y formadora